martes, 25 de junio de 2013

Era Invierno


Aun recuerdo lo que me dejo tu cuerpo,
ese calor en una noche de invierno,
ese beso tan dulce que supo a cielo.

Era invierno, aquella noche con viento,
tu mirada vagaba por mi cuerpo,
mientras iba creciendo el deseo.

Tu boca pintada en carmesí,
sutiles labios de corrido sin fin,
bañados con un olor dulce y sutil,
 
Te proclame mía con un beso,
te bese mientras corría el tiempo,
sujete tus ansias a mi boca de fuego,
así supe el sabor de tu cuerpo.

Te abrazaste a mi cuello con furia,
dejamos a un lado la penumbra,
fuimos eternos en aquel momento,
fuimos sueño, fuimos cielo.

Desprendidos de nuestros cuerpos,
volamos hasta toparnos con el cielo.
éramos mar, éramos el fuego,
éramos niños jugando al deseo.

Recuerdo tanto y vago en el pensamiento,
que mi corazón salta con aquel sentimiento,
de esa vez que te vi mujer,
de aquella vez que te soñé.

lunes, 24 de junio de 2013

A la Orilla de la Piel



Sentado frente al espejo, recordando,
el comienzo de la ceremonia de los cuerpos.
fue el roce de tus labios carmesí entre mis dedos,
esa chispa de beso que abrió la puerta del deseo.

Tú la silueta de la noche cubierta por la transparencia de la luna,
cercando mi cuerpo con tus besos, mirando y apuntando mi pecho,
deslizabas mis sueños en tus labios, dibujabas campos deseo,
incendiabas la playa del edén con un gentil movimiento de tus dedos.

Yo arena entre la piel de la noche, guiado por tus besos,
convirtiendo las sabanas en cielo, para el festín de los cuerpos,
dejándome caer de espalda ante tu figura perfecta,
dulce silueta que abriendo sus alas se posaba en mi centro.

Te vi venir como llovizna, fluyendo por la herida de Eva,
gota a gota probé tu esencia, bebí de tu licor interno,
supe lo que tus labios llamaban dulce deseo.

Nublaste mis ojos, pero mis oídos capturaban tus sonidos,
al compas que mi boca versaba caricias en forma de suspiros,
tus alas gentiles me aprisionaban en su interior, dejándome inerte,
hasta que mi lengua obtuvo la perla  oculta de tu ser hirviente.

En un sonido que quebraste ante la humedad de mi boca,
suspiraste y tus alas se abrieron, te mire habías volado al cielo,
regresaste con una mirada sumisa, nos levantamos de la cama,
fue cuando te vi completa, con el pecho descubierto y tu flor ardiendo.

Un suave movimiento y tu cuerpo yacía en el suelo,
esperando con calma, con tus ojos puestos en mi espada,
baje a tu cuerpo, me fui hundiendo en el jardín de tu deseo,

La llave y la cerradura unidas en ese momento,
mis cadenas eran tus piernas, mi cuerpo se mecía lento,
sentías el vaivén de mi sexo, y tus ojos puesto en mi cuello,
y en cada caricia tu boca se hundía en mi piel,
mientras yo cimbraba tu piel con mi ser.


Éramos un cuerpo, fusión de deseo y sueños,
caricias fugaces en el cielo,
poetas escribiéndose en la piel,
un mar de caricias que sólo se leen
cuando conoces el sendero del placer,
cuando estas a una orilla de la piel.

miércoles, 12 de junio de 2013

En el Sendero



Ahí está ella,
mujer hecha de tierra,
de piel color arena,
mujer de boca perfecta.

Su espalda el blanco lienzo,
sus piernas tersas cual velo,
de ojos oscuros como el café,
de labios dulces como la miel.

Con los brazos en el aire,
y una sonrisa inigualable,
esperando por su piel,
implorando llegara el.

Caminando sin dirección aparente,
esperando por un caballero sonriente,
lanzando estrellas como besos,
tirando deseos sobre el viento.

Ahí va ella en el sendero,
ave cómplice del deseo,
Eva hecha de barro y fuego.

Ahí va con paso lento,
moviéndose en el tiempo,
esperando por un momento,
deseando ser el viento.

lunes, 10 de junio de 2013

Tuve un sueño


Tuve un sueño:
tu boca como el resplandor de mi cielo,
mis manos entretejidas en tus cabellos,
tu bajando del oscuro firmamento,
 menguando solo para mí en el recuerdo.

Tuve tu boca pegada a la mía,
con besos lentos y serenos,
 con caricias que iluminaron el cielo.

Tuve tus manos en mi cuerpo,
como lazos que atan el deseo,
como cenizas de un antiguo fuego.

Tuve un momento de para hacerte deseo,
tu gloria de mujer fecunda entre mis dedos,
agua convertida en ansias de ser tocada,
garza refinada y lista para ser devorada.

Tuve a la luna menguando en mi cama,
esparciendo su dulce olor de fina dama,
invitándome a pecar en su pecho,
mordiendo la fruta de tu cuerpo.


Tuve tu boca recitando mi nombre,
tu lluvia mojando mi gloria de hombre,
tus caderas hundiendo mi celo,
tus manos empujándome a tu infierno.

Tuve un vaivén de lujuria entre mis piernas,
la ilusión de prisión efimera en tus caderas,
un huracan revolucionando las sábanas,
un sol eclipsado por la luna y sus ganas.

Tuve un sueño convertido en cuerpo,
tu sombra esparcida en mí y mi cielo,
del cual no he querido despertar,
por miedo a que te puedas marchar.

jueves, 6 de junio de 2013

Cuerpos en la Arena



Caminando vamos, tomados de la mano,
recorriendo el desierto a pasos lentos.
tu mirada la conozco desde hace tiempo,
tus ojos son el color oscuro del cielo.

El viento nos sorprende junto a unas palmeras,
en inevitable, se acerca una tormenta,
nos dejamos caer entre la hierba que vemos,
nos sujetamos para permanecer quietos.

Tu cabello negro rizado como espirales,
tu boca es dulce y de labios sensuales,
tu cuello es sumamente delgado,
cabe perfectamente en mi mano.

Me miras y me siento invadido por tu ser,
incitas el antiguo deseo de tocar tu piel.
respiro de tu aliento como de tu aroma,
tan sutil como una ave, como una alondra.

De un momento a otro la tormenta pasa,
pero se quedaron nuestras ansias,
nos besamos con furia y pasión
quitamos nuestra ropa para la ocasión.

Comienzo escribiendo con mis dedos de fuego, 
sobre el blanco espacio de arena en tu cuerpo,
rozando la locura con un beso en tu cintura,
pretendiendo detener la lujuria con ternura.

Es más fuerte el deseo,
que un tierno beso,
me alejo de tu cintura,
para voltear a la luna,
y comienzo a beberla con furia.

Tus manos buscan mi cabeza, 
la acaricias con tus dedos,
un ligero sonido corta el viento,
comienza a estremecerse tus adentros.

mis boca se desliza hacia el cielo,
buscando la cima de tu pecho,
encuentro mi destino,
aquel botón ya emergido.

Lo beso a compás lento, 
mientras lo engullo,
su sabor es tan dulce,
como el color fresa que presume.

Las puertas de tus piernas se abren,
mientras mi cadera se une a ese baile,
fundidos estamos en el fuego,
mecemos la ganas de nuestro cuerpo.

Una embestida lenta mientras observo,
como tus ojos me van comiendo,
me toman tus manos del cuello,
deseas entre en tu infierno.

Tan cálido como húmedo el lugar,
tan habido de aguas que son caudal,
la espera por mi centro se detiene,
al entrar en ti y ver como te estremeces.

Un vaivén de deseo somos ahora,
cuerpos en la arena amándose con deseo,
seres que se confunden en el desierto.