Caen los
cerezos al suelo,
igual que la
ropa de tu cuerpo,
mientras un
árbol se deshoja,
tu piel se
hace más hermosa.
Afuera es el
viento quien descubre a un árbol,
adentro son
mis manos quienes te están amando,
lentamente y
con ternura te descubro,
cariñosamente
mi boca te hace culto.
De ráfagas
se llena el aire por doquier,
De gemidos
finos la exclamación de tu piel,
Una y otra
vez vienes a mi cuerpo,
Igual que un
árbol se cubre con el viento.
Los vaivenes
de tus caderas atan mi deseo,
te meces
como luna menguante sobre mi cuerpo,
los ecos de
tu voz asemejan las hojas cayendo,
tu mirada a
la noche que nos va cubriendo.
Te observo y
con mi mano te acerco a mi pecho,
dejo que
escuches el latido que despiertas en mi cuerpo,
te relajas y
desvaneces en una lluvia de sal y deseo,
tu tan
parecida al agua de la que bebo,
y yo tan
parecido al viento toco tu cuerpo.
