miércoles, 17 de julio de 2013

Haciendote el Amor



Te veo dormida boca abajo en una cama,
con tu cabeza hacia un lado,
sobre tu mejilla izquierda
estás completamente desnuda,

Estás cubierta por una sábana blanca,
solo en cierta área, tienes una pierna doblada sobre la otra,
 y tus brazos hacia arriba rodean la almohada.

Por la ventana entra una fresca brisa que dejó la lluvia,
moviendo las cortinas en una danza sutil y sensual,
donde permite que entre la luz de la luna llena.

En una esquina de aquel cuarto, esto de pie,
 no deja de observarte en ningún momento,
yaces tan profundamente dormida en esa cama tan suave,
empiezo a caminar lentamente.

Me arrodillo a tu lado, acariciando tu cabello,
para después deslizar mi dedo índice por tu frente hasta llegar a tus labios,
 los delineo, tú sientes esta caricia, y abres los ojos,
 me miras y sonríes, te estiras en un gesto de pereza, y me dices:
 “hola amor, ¿aun no duermes?”.

Te respondo que no sin articular palabra,
solo con un movimiento de cabeza,
sigo acariciando tus labios con mi mano derecha,
los dos nos vemos a los ojos,
solo alcanzo a decirte “te amo”
 y deposito mi boca sobre tus labios  en un intenso beso.

Te volteas, y me jalas hacia ti,
quedando nuestros cuerpos empalmados,
pegados uno al otro, estoy encima de ti,
y empiezas a besarme suavemente,
abrazándome por la espalda.

Tus besos suben de tono,
mis ojos reflejan pasión y lujuria,
me levanto y empiezas a besarme el pecho.

Te abrazo por la cintura,
acaricio tu espalda con mis manos extendidas,
tu manos juegan con mi cabello,
muerdo tus labios suavemente,
tu respiración se agita,
me arañas suavemente la espalda.

Te volteo quedando de espaldas hacia mí,
beso tus hombros, y recorro tu cuerpo desnudo con mis manos,
hago tu cabello hacia un lado y beso tu nuca mientras te abrazo  por la cintura.

Te excitas como nunca,
empiezas a acariciar mi pecho,
me dices con una voz entrecortada
“ya, mi amor, no aguanto más, hazme tuya”
sonríes y me abrazas.

Nos tumbamos en la cama,
 abrazados, ardiendo de pasión,
 comiéndonos los labios,
 con mi mano izquierdatomo de la tuya,
con la derecha  levanto tu pierna,
suavemente, te penetro, mientras sueltas un leve gemido,
aprietas mi mano, enloquezco.

Empieza el vaivén  con gran ímpetu,
suelto tu pierna  tomo tu otra mano,
te alzo los brazos hacia arriba quedando en tu cabeza,
observo tus ojos,  tratas de cerrar tus ojos por el inmenso placer,
pero te detengo:
“no cariño, no cierres tus ojos, mírame”

Me miras y dices: “te adoro, mi cielo”,
suelto tus manos y te abrazas a mi espalda,
 me besas como nunca antes lo habías hecho,
me muevo con otro ritmo, soy un poco más brusco,
más rápido y jadeo, te hago  desfallecer.

Gimes con placer mientras aprietas mi cadera con tus piernas,
siento un escalofrío que recorre mi espina dorsal, la piel se me eriza,
empiezas a gemir al ritmo que te hago el amor,
dices mi nombre y yo el tuyo en el ritmo de las sábanas,
terminamos al mismo tiempo.

Después de éste momento de tanto placer,
quedamos así, abrazados, inmóviles,
para quedarnos dormidos con la luna
como único testigo de nuestra entrega,
quien, con envidia, solo nos contemplan por la ventana.


martes, 9 de julio de 2013

Al amanecer



Tus labios dulces causan en mi la mañana,
suave rocío de besos que mi lengua embriaga,
tus manos aprisionan suavemente mi recuerdo,
mientras volteo para oler el perfume de tu cuello.

Abro los ojos hacia el amanecer de tu piel,
te veo radiante y bella mi dulce mujer,
saludo con mis ojos a tu boca, mientras te beso,
Y abrazo tus labios con el embrujo de mi fuego.

Tu piel se estremece mientras te devoro con deseo,
aún sabes a la noche y a la entrega de tu cuerpo,
besos lánguidos y despacios  se esparcen en tu boca,
mientras mis manos bajan al lugar que te provoca.

Te observo, cierras los ojos, y mustias un te deseo,
una gota de tu cuerpo se siente entre mis dedos,
esa lluvia bendita que moja el placer de hombre,
esa agua que bautiza las ganas y le cambia el nombre.

Te quiebras entre el meneo de mis dedos en tu cuerpo,
te deslizas a destiempo para que roce tu deseo,
quiebras en voz baja sobre mis oídos,
suspiras y me regalas tus gemidos.

Me tocas y siento tus manos sobre mi sexo,
manipulando con ansia brutal por tenerlo,
abres las piernas y lo acomodas en medio,
te deslizas en el despacio y  sin miedo.

Te mueves hacia delante gimiendo,
tomas de mi cuello mientras te siento,
me dejo  encadenar por  tus piernas,
Sientes más cerca de ti mis caderas.

Hundido en el mar de tus ansias,
me dejo llevar por las olas de tus caderas,
sabiendo que no deparan una tierra


El placer se desborda entre las sabanas,
siento tus manos en mi espalda,
mientras te dejas ir al abrir  tus alas.

Disfrutas el éxtasis del movimiento,
que no soportas más y te vas corriendo,
en un ligero y largo sonido,
tu último gemido.

Es al baile del amanecer,
surcando olas de piel,
sabiendo los dos a placer,
dejando atrás el anochcer.

                

martes, 2 de julio de 2013

Desperté


Desperté con demencia por tu voz,
con un rio vivo en mi boca,
con las ansias de probar tu sabor.

Desperté con  las manos en el pecho,
llenando mí ser de tu dulce recuerdo,
guardado por el aroma de tu cuello.

Desperté con tu nombre en labios,
dibujando el contorno de mi boca,
disfrutándolo como manjar de Dios.

Desperté con deseo por  tu cuerpo,
recorrer tu piel con mis dedos,
hacerte con mi boca un cielo.

Desperté por ti y ese dulce deseo,
con la idea de pintarnos en un lienzo,
escribirnos en cuerpo y hacernos eternos.