Cada noche
te veía desde lejos,
observaba
como te tocaba el viento,
cada noche
soñaba con darte vida,
me quedaba
así hasta ver el día.
Una tarde
pasé a tu lado,
fría y sin
vida estabas en aquel mármol,
te miré y te
toqué por un momento,
empecé a
imaginar tu cuerpo.
Tomé el
cincel en mis manos,
comencé a
darte formas y trazos,
plasmé un cuerpo lleno de deseo,
eras lo que había
robado ya mi sueño…
Me esmeré
con los detalles de tu boca,
te fijé con
una mirada seductora.
tu cabello
medio rizado por el viento,
tu cuerpo
era tan blanco como el invierno.
Los días se
hicieron noche y viceversa,
hasta que vi
que estabas completa,
bella,
divina y sensual figura de mármol,
me faltaba
un corazón que te trajera a mi lado.
Dejé el
cincel sobre la arena y vi al cielo,
cerré los
ojos y lentamente abrí mi pecho,
saque lo que
latía por ti en interior y sin razón,
traté con mi
último suspiro darte el corazón.

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